Gastón Olivera

Difícil fue (y es) encontrar un Instituto de idiomas que se ajuste a los caprichos personales del alumno. Y tal fue el caso, mi experiencia, con Sprachzentrum Buenos Aires. Ante la necesidad de tomar clases de alemán en forma intensiva durante los meses de enero y febrero como preparación para mi viaje a Alemania en marzo, me puse en contacto sin éxito con los más conocidos centros de enseñanza de la Ciudad hasta dar con este Instituto, del que hasta entonces no tenía ninguna referencia. Pronto pase de la sospecha o la incertidumbre a la certeza de que se trataba de una institución con un trato magnifico.

El punto de partida natural de las clases fue la necesidad de conocer las actividades que realizo en mi ciudad y con ello el por qué del curso, además de interesarse por mis perspectivas y proyectos futuros. Todo ello servía para ajustar y planear el curso en función de mi horizonte de expectativas. Así, fuimos conociendo paso a paso el ‘estado de situación’ en el que se encontraba mi aprendizaje del idioma. El lema que nos guiaba era la flexibilidad: buscar las herramientas más diversas queayudaran a cumplir el objetivo. Y en ese sentido, los nuevos textos con los que empezamos a trabajar fueron una gran novedad para mí que había estudiado siempre con material bueno, muy bueno quizás, pero un tanto anticuado.

Mi intención era, además, aprovechar ese espacio y ese poco tiempo para terminar de preparar las clases de Historia de Patagonia en alemán que yo pretendía dictar a mi llegada al país. La tarea fue ardua pero grata y mi Lehrer no sólo ayudo a estructurar un cronograma de clases, sino que aportó un valioso punto de vista revisando el contenido del mismo, además de sugerirme soluciones a los problemas propios de toda traducción. Pero, sobre todo, me ayudó escuchándome y pidiendo que ensayara allí mismo el Vortrag, haciendo -como nativo del país- las preguntas que con toda seguridad iban a surgir y con las que tenía que empezar a confrontarme. Con ello, adelantaba pasos en mi camino.

Esas fueron las grandes líneas de nuestro intenso verano en la Capital. Por un lado, curso convencional; por otro, avanzar en el proyecto particular. El denominador común: consolidar el
aprendizaje del alemán en sus más ricos matices. Y en ese sentido, algo destacable es el múltiple campo de medios digitales y recursos online que me fue sugerido, desde música hasta radios, de diarios a películas, de canales de TV hasta foros, lo que amplió mi utilización de Internet como herramienta versátil para el aprendizaje del idioma.

Claro que no sólo fueron sugerencias sobre el idioma, sino también consejos de qué lugares visitar y cómo manejarme en mi primera experiencia fuera del país. Ni hablar, de aquellas sugerencias de ‘primer orden’ para quién pretenda experimentar plenamente la Alemania diversa: que Bier tomar y no dejar de probar el Döner Kebab. Sonreí al ver esos suculentos sanwitches en Kaufbeuren, meine schöne deutsche Stadt.

Las perspectivas de un trabajo conjunto fue una de las cosas más interesante con las que me quedé. Y así fue que nos mantuvimos en contacto para nuevas tareas que relacionen nuestras pasiones: los idiomas, las sociedades y sus culturas, las historias.